Los que me visitan

jueves, 12 de abril de 2018

Cara a cara

 
Despierto con el castañeteo de mis dientes. Abro los ojos y me arropo con la frazada, aun cuando un tibio sol entra por la ventana de mi dormitorio. Es una mañana fría, cómo tantas que este año hemos sufrido por un invierno que golpea con fuerza el centro del país.Siempre he necesitado de algunos minutos para despertar y me estiro en la cama procurando no molestar a mi mujer que todavía duerme sin siquiera mover una pestaña. La observo al tiempo que me pregunto cómo logra conciliar un sueño tan profundo con esa facilidad.Doy vuelta mi cabeza y recuerdo que es Domingo. Sonrío al darme cuenta de que no tengo que ir a trabajar. Sin embargo, nunca me ha gustado quedarme mucho en cama y me levanto a pesar de este gélido aire matutino que cala hasta los huesos.Me dirijo a la cocina y lleno con agua la tetera para prepararme un café negro.La dejo hirviendo mientras vuelvo al dormitorio y me abrigo con la única bata que tengo. Mi mujer ronca a pata suelta. Si la despierto me mata y, por eso, decido salir al patio a recoger el diario antes de que me dé un ataque de risa.
La escarcha tiñe de blanco todo a la intemperie. El diario está envuelto en una bolsa gris a pocos metros de la puerta. Intento correr para recogerlo, pero no doy un par de zancadas y me detengo ante la gruesa capa de hielo que cubre el parabrisas de mi Peugeot 404. La contemplo con asombro mientras me agacho y tomo la bolsa. Enseguida el frío me obliga a entrar a la casa nuevamente.
Busco el tazón con mis iniciales que mis hijos me regalaron en Navidad y lo encuentro en una de las gavetas de la cocina. Me sirvo ese café negro que tanta falta me hace. Huelo su aroma antes de ir al comedor y sentarme a la cabecera de la mesa. Al fin siento paz para leer y consigo concentrarme en lo que pasa en el mundo. Puede que sea coincidencia, pero doy el primer sorbo y, no sé por qué, abro la página policial. Salta a la vista la foto de un cadáver: “DOS MUERTOS DEJA RIÑA EN UN BAR” dice el titular. Al parecer, se trató de un ajuste de cuentas entre pandilleros. - ¡Gente tan joven, qué absurdo morir así! -, pienso sin lograr que mis ojos se despeguen de esa foto - ¡es tan solo una noticia más, ¿por qué me acuerdo de mi madre y de aquella historia que contaba?! -. Mi madre enviudó joven y mi adolescencia fue difícil. Crecí sin una imagen paterna y la hice pasar rabias. Comenzaba con esa historia cada vez que hacía travesuras. - ¡¿Te acuerdas de aquellos hombres? -, empezaba – no quiero que termines como ellos! -.Yo no habré tenido más de cuatro o cinco años y apenas recuerdo el episodio. Todo sucedió en el pueblo infecto dónde nací y al que jamás he vuelto desde que ella murió. No siento nostalgia de ese lugar, pero la voz de mi madre, aquel caserío y esa pregunta, se hacen patentes con la foto. Si la estoy escuchando…….
“Cesó la lluvia después de varios días. El ambiente estaba húmedo y soplaba un viento helado que estremecía hasta el alma. Era un pueblo rodeado por bosques impenetrables. Costaba caminar, había que usar calzado de goma para mantener el equilibrio y no quedar enterrado en el barro hasta más allá de las rodillas. Hacía frío, tal vez como nunca en ese invierno.
 Fue como a mediodía que vieron aparecer al Trauco por una esquina. Hombre misterioso, callado, con un halo de melancolía y resignación. Le decían así desde su infancia pues nadie conocía su verdadero nombre, seguramente, por su pequeñez y la joroba que sobresalía de su hombro izquierdo. Trabajó siempre en el fundo de los Eyzaguirre. Fue allí donde su madre lo parió y lo crio. Hay gente que asegura que fue un huacho de don Sebastián ya que, por algo, llegó a ser su capataz y mano derecha.Fue raro ver al Trauco. Todos se sorprendieron, es más, no entendieron nada. Dicen que tomó un caballo de forma intempestiva o que un bicho lo picó. Por otra parte, así era él: audaz, impredecible y cuando se le fruncía algo se convertía en un huracán. No le importó el clima o la lluvia, tan solo partió sin decirle nada a nadie. Lo vieron salir de su casa como un energúmeno. Cerró la puerta de golpe y no pidió permiso pese a que había importantes asuntos que atender en la hacienda. Cabalgó como un animal herido y sin detenerse hasta el pueblo. Llegó con el poncho estilando y rostro siniestro. Otros dicen que sin expresión alguna ni muestras de rabia o pena. Era gente de frontera que no conocía la tristeza o el dolor, solo la supervivencia.Aperó el caballo frente al almacén dónde por años compró azúcar y café. Desmontó lenta y pausadamente, aunque, a pesar de su aparente calma, sus ojos no disimulaban su furia.Caminó hacia la cantina con vista al frente y ceño fruncido. La gente lo vio pasar. Nadie le quiso hablar o saludar, tan solo se hicieron a un lado porque le temían y respetaban. También le admiraban, muchos querían ser como él y llevar una vida salvaje y sin horizontes.
La cantina estaba al otro lado del pueblo. Un sitio escondido tras una fina y barnizada puerta de madera. Los parroquianos la cruzaban y bebían sin que a nadie le importara quién entraba o salía. Se emborrachaban con libertad y desenfreno pues no había más que hacer en el pueblo. El Trauco se quedó parado con las piernas semiabiertas y miró la puerta con los ojos húmedos de rabia.- ¡Ruciooooo! – gritó en seguida y de forma destemplada -, ¿dónde estaí, chucha tu madre?Fue un grito agudo y desgarrador. Un gemido que parecía, más bien, el final de una enorme bestia. Todo el pueblo escuchó, no hubo nadie que pudiera quedar indiferente. Algunos sintieron curiosidad y, se podría decir, que hasta morbosidad. Otros, en cambio, sintieron terror. También estuvieron los que pretendieron seguir como si nada. Sin embargo, no hubo más que estar pendiente del Trauco y entender a qué había venido.
Transcurrieron los segundos y nadie contestó. El Trauco siguió con su mirada fija, era un hombre abstraído en su locura, sus problemas o tal vez un mundo que solo él entendía. Era como si esperara a alguien o quisiera que lo escucharan, pero fue una espera inútil puesto que no hubo quien escuchara o se diera por aludido. El Trauco comprendió que nada pasaría y, de pronto, se movió hacia la puerta con decisión. Se detuvo a unos centímetros de la madera, es más, le respiraba encima.
Primero la observó con serenidad y como queriendo controlar su enojo. Lo intentó, pero no fue capaz de mantener la calma. Le dio una gran patada a la puerta. Esta se estremeció, crujió y cayó como un árbol recién talado. El Trauco se quedó quieto en el umbral y contempló su obra con orgullo. Esbozó una macabra sonrisa que dejó ver sus mal cuidados dientes. Miró todo con desprecio mientras buscaba a alguien que lo regañara. Él sabía que nadie se atrevería a decirle nada, ni siquiera el dueño que se escondió tras un gigantesco mostrador. Todos entendieron que estaba furioso. El local estaba lleno de parroquianos jugando al cacho o al dominó. Reían y bebían hasta que todo fue interrumpido por el Trauco y su espectacular entrada.  Era un lugar oscuro y lúgubre. Un bar clandestino sin patente ni permiso en un pueblo dónde no había autoridad. Detrás del mostrador, que según muchos era una valiosa pieza de museo y tesoro para cualquier coleccionista, había un estante lleno de vodka, whisky, vino, cerveza o del licor que usted quisiera. No había hospitales, escuelas o carreteras, pero se podía beber de todo, alcohol sí que no faltaba. El Trauco comenzó a indagar con la mirada hasta que encontró un rincón con la mesa más retirada del bar. En ella se divisaba una silueta difícil de distinguir. El Trauco no lo pensó más, su semblante cambió y no le cupo duda de que había dado con lo que buscaba. Comenzó a caminar hacia la mesa. En ella había un hombre bebiendo solo y que, al parecer, esperaba tranquilo. Tal vez el único que no estaba asustado. Era nada más ni nada menos que el Rucio. Otro extraño personaje, su enemigo mortal y único rival. Solo él se habría atrevido a desafiarlo. Siempre se odiaron y ya se habían peleado con pistola, espada y puñal. Dicen que la última vez el Rucio quedó marcado por una cicatriz que le atravesaba el rostro de lado a lado.  Juró venganza y gritó a los cuatro vientos que esto no se quedaría así. Tarde o temprano se la iban a pagar. Era la antítesis del Trauco: simpático, hablador y vividor, de ojos azules y gran éxito con las mujeres a pesar de su horrible cicatriz. Pero al mismo tiempo era mentiroso, traicionero y retorcido, capaz de matar a cualquiera por la espalda. Se dedicaba al tráfico de animales y pieles finas, también traficaba con personas esclavizando indios de la zona. Permaneció impertérrito y sentado mientras el Trauco se acercaba. Lo dejó venir como si fuese un encuentro inevitable. El Trauco estuvo en breve junto a él, al fin había llegado el momento que por años anheló con vehemencia.¡Siéntate Trauco – dijo calmadamente el Rucio -, tómate un último vaso de vino conmigo, hazme el favor!El Trauco no daba crédito a lo que escuchaba. Le invitaba un trago nada menos que la persona que más odiaba en este mundo. Sin embargo, no se dejó impresionar y mantuvo la sangre fría pues sabía que el Rucio era hábil, siniestro y traicionero. No tendría compasión con él y en este asunto no existiría la piedad.
El Rucio no era cualquiera y contemplaba la botella como si su enemigo no existiera. El Trauco tomó una silla con violencia e hizo que sus patas golpearan el piso de madera.  Se sentó con aparente serenidad, pero ese no era más que un primitivo instinto. Lo cierto es que era una estrategia para enfrentar la vida aunque esta estuviera en juego. El Rucio hacía ya un rato que lo esperaba. Sabía que vendría, si al Trauco no le quedaba otra alternativa después del daño que había sufrido y del inmenso dolor que lo aquejaba. No había más que hacer, tendrían que enfrentarse nuevamente y para ello estaban dispuestos, entregados y preparados. Se conocían bien, eran enemigos y querían matarse, pero al mismo tiempo se respetaban. El Rucio se ocupó de que hubiera un mantel puesto sobre la mesa y todo parecía un rito seguido paso a paso. También había un par de vasos y una botella del mejor vino tinto que se podía encontrar en el lugar. El Rucio la chambreó a un lado de la salamandra hace tan solo unos minutos. Tenía la temperatura justa, era un vino suave y tibio, perfecto para una zona de tanto frío, viento y lluvia. Una vez más estaban frente a frente. El Rucio llenó los vasos dejando que el líquido vertiera lentamente y golpeara el opaco cristal de aquellos vasos. Quiso que se sintiera claramente su sonido, que se viera su color y se esparciera por el lugar su suave aroma. Mientras tanto el bar se mantenía en un silencio sepulcral. Todos comprendieron lo que iba a suceder y nadie quiso intervenir, era obvio que iba a correr sangre. Algunos quisieron arrancar, corrieron tan aprisa que incluso tropezaron en la puerta derrumbada, otros, en cambio, no se movieron de sus mesas. La curiosidad pudo más, no quisieron perderse un espectáculo por el que muchos hubieran pagado. Pero para el Trauco y el Rucio no había nadie alrededor, solo se miraban uno al otro. Se estudiaban como ya lo habían hecho tantas veces, sin embargo, ambos tenían claro que esta sería la última. Bebían a pequeños sorbos sin descuidarse por un instante y así no dar ni la más mínima ventaja. Continuaron bebiendo, en todo ese lapso no se hablaron, tan solo se observaron como tigres a punto de saltar sobre su presa.-                     ¿Cómo está la Marta? – preguntó sorpresivamente el Rucio.
-                     Muerta – dijo el Trauco con su rostro inmutable -, yo mismo la maté con mi cuchillo.
El Trauco quizás habló esperando alguna reacción o gesto que lo ayudara a despertar de una pesadilla. Lo que dijo fue brutal, pero no mentía. Había matado a su mujer. Sin embargo, el Rucio permaneció impertérrito y como si lo que había escuchado le causara gracia. Esbozó una sonrisa llena de desprecio y maldad. En el fondo degustaba su triunfo, al fin saboreaba su venganza. Logró lo que quería, golpear al Trauco en su orgullo y hombría. Había poseído a su mujer. La persiguió por mucho tiempo, pero sin sentir nada por ella. Tan solo buscó destruir el hogar del Trauco, su familia y su intimidad.-                     ¿Sabes lo último que me dijo de ti? – dijo nuevamente el Rucio.
-                     No
-                     Que lo teniaí chico.
Aquellas palabras fueron un golpe bajo y sorpresivo, aunque del Rucio no extrañaba nada. Todos sabían que era capaz de una crueldad sin límites y, con tal de humillar al Trauco, hubiera hecho lo que sea. Fue realmente una pateadura en el suelo. El Trauco no tenía una mente vivaz y no supo devolver ataque tan certero. El Rucio, luego de contemplar a su enemigo y entender que estaba desvalido, comenzó a reír a grandes carcajadas que invadieron todo el bar. Había sido un triunfo completo, fenomenal y contundente.
El Trauco seguía mudo, aún no asimilaba bien lo que escuchaba y le era imposible reaccionar. Poco a poco entendió que debía defender su dignidad. Su rostro fue adquiriendo una expresión patética, lo invadió la ira y sintió ganas de matar. El Rucio, equivocadamente, creyó que ya había ganado. Pensó que su rival se iría derrotado, se tiraría de un precipicio o se arrojaría al mar, en fin, poco le importaba. Miró con tranquilidad y soberbia al Trauco, en la creencia de que jamás reaccionaría como un hombre. Sin embargo, cometió un error. El Trauco lanzó un violento golpe sobre la mesa, la agarró de un borde y la levantó por sobre las cabezas. También voló el mantel y los vasos que se hicieron trizas, no obstante, la botella resistió y rodó por el suelo hasta que una silla la detuvo. Había empezado la pelea, los parroquianos comenzaron a gritar y avivarlos. Levantaron expectantes los puños y tomaron partido, algunos gritaban por el Trauco y otros por el Rucio. Corrieron las apuestas con dinero, vacas o gallinas, también con sacos de trigo. Voló una silla por los aires, el Rucio la esquivó con agilidad y pasó por un lado de su hombro izquierdo. Luego se levantó y retrocedió unos pasos, se preparó para el ataque y se puso en guardia. Su enemigo corrió hacia él y se le vino encima sin medir las consecuencias. El Trauco no pensaba, solo quería destruir y matar. Se abalanzó sobre su oponente agarrándolo por el torso y dándole el abrazo del oso. Quiso estrangularlo. La expresión llena de angustia que tenía el rostro del Rucio lo decía todo. Luchaba con todo lo que tenía, sin embargo, se estaba sofocando y, por más que lo intentaba, no podía zafarse de aquellos brazos. Tenía los ojos muy abiertos, la lengua afuera y mostraba sus dientes pues el oxígeno apenas entraba a sus pulmones. El Trauco no cedía, apretaba más y más, ya era muy tarde para hacerlo entrar en razón. De pronto, ambos rodaron por el piso debajo de las mesas. Solo se detuvieron a un lado de la salamandra y el Trauco se quemó uno de sus muslos. Quedó encima del Rucio que, a su vez, lanzaba desesperados puñetazos que no daban en el blanco. Pero, después de varios intentos, logró pegarle en la nariz. El Trauco comenzó a sangrar y, al principio, trató de disimular, pero sintió el golpe y su ataque perdió ímpetu. El Rucio se percató al instante de que era el momento de sacárselo de encima. Hizo una hábil maniobra con sus pies y logró empujarlo hacia el mostrador. El Trauco tenía mucha fuerza, sin embargo, era un hombre pequeño y no costó que su cuerpo volara arrasando mesas y sillas. Solo lo detuvo el mostrador. Se quedó quieto, se tocó la nariz y limpió la sangre con sus dedos. Su rostro estaba enrojecido. De un salto se puso de pie. El Rucio no tenía tanta fuerza, aun así, lograba controlarlo con agilidad. La rabia no dejaba pensar al Trauco con claridad y, a veces, actuaba torpemente. Tal vez sea por eso que sacó el cuchillo con que había matado a su mujer y a todos los que alguna vez lo desafiaron. Se fue en busca del Rucio y lo arrinconó contra la pared. El Rucio también sacó su cuchillo. El Trauco inició su ataque, además, lo único que quería era pelear en serio de una vez. En un comienzo, fueron estocadas que no daban en el blanco, no obstante, se podía respirar todo ese odio, no había piedad ni miedo. Resistían hábilmente, esquivaban los golpes con frialdad y experiencia. Fueron dos minutos en los que ninguno se hizo daño, ninguno perdía la prestancia, pero de pronto el Rucio tropezó. Nadie sabe por qué perdió el equilibrio y vaciló dando unos pasos hacia atrás. Su rival no lo pensó y se abalanzó como un animal furioso. El Rucio nada pudo hacer, solo lo vio venirse de nuevo encima, pero como si fuera un mago y, con un rápido movimiento, logró clavar su cuchillo en el abdomen del Trauco. La hoja penetró lenta y profundamente perforando vísceras y estómago. El Trauco, en un comienzo, ni siquiera se dio cuenta.  Segundos después sintió dolor y lanzó un gemido.  Luego palpó su herida, vio su sangre y comprendió que estaba herido. No obstante, su fuerza no disminuyó y, con su mano izquierda, sujetó la cabeza del Rucio y lo dejó inmóvil en el suelo. Este se resistió un instante, pero el Trauco con la otra mano comenzó a rebanarle el cuello como si fuese un cordero en el matadero. Abrió sus carnes sin misericordia. Vio emanar la sangre de su interior y cómo se quedaba vacío lentamente. El Rucio comenzaba a desangrarse, a morir y a cerrar los ojos en silencio. El Rucio murió plácidamente, su rostro estaba pálido y sereno. El Trauco comprendió que todo había terminado y que su enemigo se había ido para siempre. Siguió observando por unos instantes el cadáver del Rucio y, tal vez con vanidad, sintió un extraño alivio acompañado de tristeza. Luego, intentó ponerse en pie, pero aún tenía aquella daga enterrada en el estómago. Quiso sacársela de un tirón, pero no pudo pues el dolor que sintió fue insoportable. Dejó escapar un agónico gemido. Su herida era mortal y cuestión de unos minutos. El Trauco así lo comprendió, supo con resignación que este era su final. En el estante había un gran espejo, observó su rostro y sus ojos. Su encorvado cuerpo. Tomó una de las botellas y la lanzó furiosamente hacia él. El espejo se hizo añicos. Todo se vino al suelo con un sonido infernal.
Se trataba de un hombre moribundo. Quiso salir a respirar un poco de aire y sentir a las gotas de lluvia golpear su rostro por última vez. Nadie se explica cómo, pero salió a la calle arrastrando sus pies y bajando las escaleras. Se dio cuenta de que el frío era extremo y de que corría el mismo viento helado que calaba hasta los huesos. Miró hacia el cielo mientras la gente se agolpaba a su alrededor, quizás buscaba a Dios o a su madre. Sus piernas flaquearon y cayó de espaldas en el barro.
Agonizaba, aun así, nadie quiso socorrerlo pues inspiraba tal temor que los del pueblo solo quisieron verlo morir como si fuese una atracción de circo. El Trauco no les dijo una palabra, tampoco pidió ayuda. Tan solo un niño se atrevió a salir de todo ese tumulto. Al principio, se asomó con timidez, pero luego corrió y se arrodilló a su lado. Le acarició la frente y limpió el barro de su rostro. También le sonrió con gentileza. Fue el único que entendió que se trataba de un ser humano moribundo y que se estaba despidiendo de este mundo.-                     Niño – dijo el Trauco ya exhausto -, no sé quién eres ni de dónde saliste. Por favor ciérrame los párpados, no quiero morir con los ojos abiertos……..
Dio enseguida un último suspiro y todo terminó. El Trauco murió con los ojos abiertos y fue aquel niño quién cerró sus párpados para siempre.”…….. Y sí, aquel niño soy yo. Cómo les dije, apenas recuerdo el episodio y no guardo ese rostro moribundo en mi memoria. Sin embargo, mi madre nunca perdía oportunidad de recordarme aquella historia y de la cual, según ella, fui partícipe. Siempre la escuché con atención a pesar de las veces que me suplicó no seguir ese camino.
Y, al parecer, seguí su consejo. No me pregunten cómo, pero entré a la universidad en Punta Arenas y, apenas me titulé de auditoría, me vine a Santiago. Tengo un buen trabajo y formé una familia. Mi madre murió hace dos años y, esté donde esté, sé que está orgullosa de mí.Alguien me da un abrazo por la espalda y un beso en la mejilla. Es mi mujer aún con cara de dormida. No la sentí venir.-                     ¿Quieres tostadas con huevos revueltos? –  pregunta.
No contesto, pero sonrío y mis ojos se iluminan. No se necesitan las palabras. La sonrisa es respuesta suficiente para ella y me lanza un beso con sus dedos  desde el umbral de la cocina.


martes, 27 de marzo de 2018

Una Educación para el siglo XXI

Siguiendo con mi línea de pensamiento, quiero  reflexionar sobre la educación que reciben nuestros hijos. En esta materia hay avances importantes, pero aún falta establecer un sistema educativo que de verdad desarrolle la capacidad de razonamiento de los alumnos. En mis años de universidad, los profesores centraban su clase en la transmisión de datos que luego debíamos memorizar, pero sentí que no había real interés en transmitir la correcta comprensión de lo que recitábamos. Las escuelas preparan ( al menos en mi país ) a sus alumnos para rendir con éxito una prueba de acceso a la universidad y no apuntan al desarrollo integral del futuro ciudadano. Las universidades "fabrican" técnicos en áreas acotadas y a estos solo les interesa ganar dinero lo antes posible. Está fuera de  la enseñanza las preguntas primas e, incluso, las leyes más básicas de las respectivas ciencias y especialidades. Vuelvo a sostener la tesis de que para el correcto y "sustentable" desarrollo del ser humano deben ir en equilibrio la ciencia y la moral. Sosteniéndome en esta tesis,  pienso que debe cambiar el sistema educativo en el sentido de que más que preparar a los jóvenes para recibir conocimiento de forma estática, debemos entrenarlos para resolver problemas de forma activa. La educación debe centrarse en el correcto razonamiento más que en la transmisión de conocimiento abstracto que no siempre es útil en la vida cotidiana. La información está en todas partes (internet, libros, etc) y por lo tanto no tiene sentido transmitirla cómo algo que hay que memorizar. Hay que incentivar la curiosidad y la habilidad para buscarla en el lugar correcto. Es por lo anterior que reivindico la vuelta a la Filosofía clásica y a las preguntas primas. Se necesita con urgencia el retorno del método socrático y utilizarlo desde un comienzo con los niños que recién ingresan al sistema. A mi juicio esta es la única manera de que el hombre comprenda el lugar que le cabe en el universo. Con la sola ciencia y tecnología no resolveremos todos los problemas que enfrentará el hombre en el futuro. Estamos lejos del entorno que rodeaba a la "Academia", pero aún así,   lo que hoy llamamos "Universidad" no da una visión global e integral de lo que es el "Universo". La especialización indiscriminada produce un efecto negativo que es la pérdida de una comprensión integral de lo que es el hombre y la realidad. Sostengo que solo la Filosofía pura va a salvar al hombre de lo que tal vez sea su extinción. Hay que educar para incentivar a pensar e investigar,  para tener tolerancia a la frustración y ser perseverantes. No es necesaria la memorización  cómo método educativo.  El hombre de hoy tiene que prepararse no solo para resolver problemas matemáticos si no que para enfrentar la vida en su conjunto. La educación del futuro siglo debe centrarse en un entrenamiento constante de la mente para enfrentar la existencia de  forma sana y correcta. Saludos.

lunes, 12 de marzo de 2018

Las Humanidades

Ya describí cómo el mundo del siglo XXI perdió la brújula insistiendo en desarrollar una sociedad desprovista de valores que "humanicen" la existencia y dije que la educación de hoy  centra su acción  en fabricar especialistas sin una visión  global de lo que es el Hombre y  su lugar en el Universo.  No soy el único que  tiene esta opinión y ya numerosos pensadores estiman que ahora, y como nunca antes, la humanidad está en peligro de asfixiarse intelectualmente y con riesgo de perder  los valores que la han distinguido de las demás criaturas del planeta. La vida se "deshumaniza" con rapidez y ni siquiera nos damos cuenta. Por lo anterior, me di a la tarea de investigar un poco más acerca de aquellas ramas del conocimiento que denominamos genéricamente: "Humanidades". Me llevé una sorpresa al constatar que esta especialidad no dice relación con las Ciencias Sociales (es más, en mi opinión las contiene), si no más bien,  se aboca al estudio de todas aquellas obras originadas en  el ingenio humano en cuanto este es un ser racional y libre. Primero descubrí que hoy las Humanidades pierden importancia ante la Técnica y las Ciencias que tienen por finalidad dominar a la Naturaleza. Pero, no obstante lo anterior, aún existen aquellos que abogan por devolverles el rol formador que tuvieron en el pasado. No puede haber desarrollo sustentable sin especialistas que comprendan a cabalidad las ideas y  valores que han hecho del Hombre y su cultura lo que es. Debe haber un  entendimiento claro del origen y desarrollo de la Civilización, así como una lectura cuidadosa de los clásicos y comprensión total de las ideas más significativas de la filosofía. Las Humanidades son aquellas disciplinas encaminadas  a la formación del hombre en cuanto ser racional, libre y capaz de decidir. Tradicionalmente estas  han sido la Historia, Literatura, Arte, Filosofía y Religión. La Historia narra e interpreta los hechos del pasado y de los cuales el hombre es autor y actor. Pueden ser sucesos políticos, sociales, económicos, religiosos o artísticos y no hay que verlos aisladamente, si no,  que en su contexto político y social que explique  causas y efectos. Gracias a la Historia sabemos de dónde venimos, quiénes somos y tal vez  también a dónde vamos. Entenderemos nuestra Civilización, es decir, el conjunto de instituciones e ideas bajo las cuales un grupo se organiza y desarrolla su cultura que, en términos simples, no es más que el producto de su trabajo cientìfico, técnico o artístico. La Literatura consiste en aquellos escritos que en principio tienen una finalidad artística, pero que sirven, además, para formarse una idea de lo que un individuo piensa y siente en un lugar y tiempo determinado. Es el análisis de las palabras y pensamientos expresados por escrito de  hombres que fueron considerados maestros en su lengua, ya sean  clásicas o modernas. Se entiende por Arte aquel proceso mediante el cual un individuo utiliza su ingenio, experiencia o intuición para crear objetos bellos en cualquiera de sus manifestaciones: escultura, pintura, arquitectura, música, cine, etc. El Arte es un elemento profundamente humanizador,  pues penetra en los misterios recónditos del alma y nos deja un recuerdo fiel de lo que fueron  distintos  pueblos y civilizaciones. La Filosofía responde a las preguntas esenciales y trata de llegar a las primeras causas y principios en todas las cosas y fenómenos. Según Jaspers " La búsqueda de la verdad, y no la posesión de ella, es la esencia de la filosofía". Es el camino que nos permite razonar de forma correcta  en atención a resolver los problemas del Universo.  Su importancia radica en, que más que fijarnos en la trascendencia de las soluciones, debemos atender al planteamiento del problema y generar un método eficaz de razonamiento. Por último la Religión como sistema racional creado para  responder y dar sentido a la inquietud última del Hombre: ¿Qué hay después de la muerte? Tiene un componente racional y otro sobrenatural que va más allá de la naturaleza humana. Su importancia, desde la perspectiva humanista, está en que ha servido de inspiración al arte y  filosofía hasta hoy, así cómo, de nutriente espiritual para millones de personas. Su influencia es radical en el devenir histórico y cultural de países y naciones. En consecuencia, las Humanidades son disciplinas que forman al individuo en ideas y valores que le permiten  decidir  libre e informadamente acerca de su destino. Estudiarlas significa tomar conciencia de nuestros orígenes y darle dirección a un  futuro que ponga énfasis en dejar al Hombre en el sitial que le corresponde. Saludos.

sábado, 10 de marzo de 2018

El Helenismo

En general, la historia dice que nuestra manera occidental de percibir el mundo es hija de la cultura greco-romana. También dice que Roma es hija de Grecia. Lo anterior suena cómo si Grecia y Roma fueran casi lo mismo, sin embargo es necesario dejar muy claro que esto no es así.
Griegos y romanos constituyeron civilizaciones que se desarrollaron en épocas, territorios y circunstancias diferentes. Tampoco hablaron el mismo idioma, es más, Grecia fue conquistada militarmente por Roma. 
Así las cosas, la pregunta cae de cajón: ¿Qué tienen en común estos dos pueblos que hoy nos permitimos afirmar con seguridad que somos hijos de la cultura greco-romana? La respuesta está en el Helenismo.
Se podría definir al helenismo cómo un período histórico de transición entre el declive de la Grecia clásica y el ascenso del poder romano.
En efecto, las conquistas de Alejandro Magno tuvieron un impacto significativo en el modo y formas de vida en casi todo el mundo conocido. Las fronteras de la "Hélade" se extendieron y muchos griegos emigraron a Egipto y Oriente para colaborar en la administración de estos vastos territorios conquistados. Con ellos se llevaron sus costumbres y cultura. 
Luego de la muerte de Alejandro, sus sucesores fundaron tres grandes dinastías: la ptolemaica, seleúcida y antigónida. Sus gobernantes supieron conservar y alentar el espíritu griego tanto en las artes como en las ciencias. Tanto fue así, que las nuevas ciudades de Oriente adoptaron patrones griegos y en todas ellas vemos ágoras, teatros y gimnasios. El griego se convirtió en lengua franca, en el habla común de gentes diversas con independencia de su origen. Por otro lado, la producción cultural y científica de la élite intelectual de la época fue escrita en griego.  La transmisión y conservación del conocimiento pasó de ser oral a escrita. Reemplazamos la palabra por el libro.
Las relaciones entre griegos y romanos comenzaron con la Magna Grecia, pues al sur de Italia existían comunidades griegas con un importante desarrollo cultural y artístico (sobre todo la ciudad de Siracusa en Sicilia). Su influencia se dejó sentir con fuerza sobre Roma ya cómo comunidad organizada en casi todos los campos. El lenguaje técnico del comercio, navegación, la ciencia y la mecánica era de origen griego. La arquitectura, la literatura y la religión romana, la vestimenta y hasta la gastronomía estaban fuertemente influenciadas por la cultura griega.  
El término "griego" pierde relevancia puesto que sus elementos pasan a formar parte de una civilización superior que era necesario adoptar sin preocuparse de su origen o de quienes la introducen en territorio latino. 
No fue hasta el siglo III ac que los romanos cruzaron el Adriático con propósitos militares y con la destrucción de Corinto en el 145 ac, Grecia sucumbe definitivamente al poder romano. 
Gracias a la adopción romana de la cultura griega nace la civilización occidental y conservamos hasta hoy su esquema básico de formas e ideas. Roma conservó y valoró la cultura griega, incluso colaboró de manera activa en su propagación a pesar de tenerla bajo su dominio.
Grecia ha llegado hasta nosotros por Roma pues, con la creación del imperio, impuso una forma de vida con elementos de ambas culturas. Sin embargo, y  bajo la dirección de las ideas griegas, supo dar forma a una civilización que tenía en el latín la lengua del poder y en el griego la de la cultura. Saludos.


lunes, 4 de diciembre de 2017

¿Marketing o Democracia?

La educación moderna nos inculca desde niños que la Democracia es el mejor sistema de gobierno inventado por el hombre. Consiste en que el poder reside en la Nación y sus decisiones responden a la manifestación de la voluntad colectiva de su pueblo. Se ejerce mediante procesos en que todos  se expresan libre e igualitariamente. Nació en la Grecia clásica reuniéndose sus ciudadanos en el Ágora aprobando o rechazando leyes directamente a dedo. Fue un sistema al que se le denominó "Democracia Directa" en contraposición a la "Democracia Representativa" que conocemos hoy. Es impensable en el mundo actual un sistema con tales características en primer lugar debido a la complejidad de las decisiones que se toman y también por los millones de personas con derecho a voto que habitan el planeta. Es por eso que hoy elegimos "representantes" facultados para tomar decisiones en  nombre del pueblo. Sin embargo, el siglo XXI nos encuentra con una Democracia dónde la inteligencia y  capacidad de los que participan como candidatos no son los únicos factores determinantes que juegan en los procesos eleccionarios. La masificación de los medios de comunicación es tal, que hoy los candidatos, para acceder y mantenerse en puestos de privilegio, tienen que aparecer en televisión   con ofertones más parecidos a campañas  publicitarias de multitiendas que a programas serios y realistas que signifiquen un buen gobierno. Es una lógica que permite a los partidos imponer candidatos cuyo único mérito es ser "famoso" (actores, cantantes y deportistas). Además para tener mínimas posibilidades de ser electos, hay que contar con un apoyo financiero que permita gastar millones y millones de las distintas monedas en tapizar muros y ciudades completas de propaganda. El Libre Mercado garantiza la libertad y  progreso del individuo, pero sin una base moral que lo sustente (y sobre todo de los que ostentan el poder económico), nos sumergimos en un espiral salvaje dónde el poder del dinero reina sin contrapeso. Hay materias cuya regulación no pueden entregarse a los vaivenes del Mercado como la Salud, la Educación y por sobre todo la Democracia. No puede ser que una campaña dependa de un financista para llegar a la mayor cantidad de gente posible y sin importar mucho su contenido. Además que dicho financiamiento no es gratuito y el candidato, una vez electo, se debe más a sus mecenas que a sus votantes. Las personas llamadas naturalmente a gobernar   no manifiestan interés en la cosa pública y nos perdemos a los mejores conjuntamente con ciudadanos apáticos que cada día participan menos. Las autoridades carecen de autoridad moral en sociedades individualistas preocupadas del beneficio propio y no en el bien colectivo. Las instituciones fundacionales de la civilización pierden legitimidad y puede que este fenómeno no nos lleve a un mundo peor, si no que a uno real y representativo de lo que somos en verdad: animales gobernados por instintos primitivos. Saludos.

lunes, 2 de octubre de 2017

La Concentración de Poder

Intenté escoger con cuidado el tema de mi primer post del año. Analicé la mayoría de los hechos que impactaron a la opinión pública durante el 2011. De estos acontecimientos, sin duda, el que más llamó mi atención fue el movimiento de "Los Indignados". A mi juicio, este es un fenómeno de la mayor relevancia, pues implica las primeras manifestaciones de rebeldía contra los grandes conglomerados empresariales y, curiosamente, generadas por una clase media que tiende a homogeneizarse en todo el mundo. El "proletariado" de hoy  no es la clase obrera o campesina de hace un siglo. Más bien, se compone  de ciudadanos que, en su mayoría, viven de un trabajo técnico o profesional que les  permite  acceso a un  mayor  bienestar material. Pero, y a pesar de este progreso, las grandes compañías acumulan y acumulan utilidades  a costa de este ciudadano común y provocan que la brecha entre  este nuevo proletariado y los grandes capitales sea sideral. El problema se agrava aún más con la dependencia que mantiene a una clase política mediocre sometida a estas corporaciones. Nos encontramos con líderes que no están dispuestos a  perder sus posiciones de privilegio y, para ello,  requieren grandes sumas de dinero  proporcionadas por estos conglomerados. Por tanto, a la hora de ejercer su mandato, la clase política  se debe más a sus mecenas que al electorado. Las transnacionales ejercen un poder que ni siquiera es contrarrestado por la "Igualdad ante la Ley" que, se supone, debiera  garantizar la Democracia moderna. Los ciudadanos están  desamparados y sienten que el sistema político no los protege de los abusos cometidos por estos holdings. Por el contrario, ninguna decisión política se toma sin consulta previa a estos poderes, además, a la primera señal de peligro en cuanto se vaya a aprobar una norma contraria a sus intereses, se pone en marcha una  maquinaria de lobby que tiene por objeto ejercer influencia en los que gobiernan. Influencia que el ciudadano común ni siquiera sueña ejercer. Por otro lado, se supone que la Economía Social de Mercado garantiza la Libre Competencia. Sin embargo, lo anterior hoy es discutible al estar las megaempresas controladas por  pocas manos  y haciendo estas lo posible para sacar del  mercado al pequeño y mediano empresario. Las grandes revoluciones se producen porque los privilegios de la clase dominante ya no son tolerados ni justificados por el ciudadano común y eso es lo que sucede. Podría existir una gran semejanza entre las transnacionales y la nobleza francesa, así como también del ciudadano común con el pueblo que se levanta en armas y toma La Bastilla. Espero, eso sí, no vuelva la guillotina. En todo caso, estos son procesos complejos y largos en el tiempo. Pero, me come la curiosidad por conocer el desarrollo de  los hechos. Quiero  averiguar si este movimiento será, en definitiva, un pilar en el desarrollo cultural del hombre. Saludos.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Lautaro

Es  una sorpresa comprobar, tanto por  comentarios  y  número de visitas,  que uno de los posts con éxito en el blog es "La Raza Mapuche". Por lo anterior creo útil ilustrar más a mis lectores acerca de Los Mapuches y lo que representan. Me parece correcto, en primer lugar, hacerlo a través de su principal figura històrica: Lautaro. Este es un personaje no solo admirado por sus descendientes  indígenas, sino que  se ha transformado en  símbolo de valentía e indomable espíritu de lucha para toda la nación chilena. Es muy poco lo que se conoce de su juventud, tan solo que fue hijo del cacique Curiñancu y de que es capturado en una incursión de exploración por los españoles a la edad de quince años. Fue durante ese período  caballerizo del mismo Pedro de Valdivia (Conquistador de Chile) y  conocido por el nombre de Alonso. Posteriormente escapó. Y así fue como el contenido guerrero que los mapuches dieron a su resistencia, no obstante llevarlo en su sangre como producto de la herencia de muchas generaciones, tomó forma a través del genio de un muchacho. No está claro como un hombre tan joven logró liderar a los mapuches, pero los historiadores suponen que su permanencia entre los españoles le dio un conocimiento profundo de sus fortalezas y debilidades. Lo anterior, conjuntamente con un plan ingenioso de batalla planteado y aprobado ante los toquis y guerreros, le dieron un liderazgo puesto a prueba en la batalla de Tucapel. Su plan era simple: aislar a las dotaciones pequeñas de españoles sin distraer fuerzas  mediante ardides, cortar la retirada de Valdivia colocando obstáculos en su retaguardia y atacar por oleadas con la finalidad de cansar al adversario sin darle respiro. Con esta táctica enfrentó a Valdivia en Tucapel y lo venció el 25 de Diciembre de 1553. No se sabe cómo se desarrolló la batalla ya que  ningún español sobrevivió, pero cuenta la leyenda que el propio Lautaro mató a Valdivia de un mazazo en la cabeza. Luego de la batalla, la ciudad de Concepción se vio rodeada y sin poder sus habitantes permanecer allí a la defensiva. Francisco de Villagra (Lugarteniente y sucesor de Valdivia) decidió pasar a una ofensiva desesperada  y enfrentó a Lautaro en la batalla de Marigueñu el 26 de Febrero de 1554. Villagra es derrotado (aunque sobrevive)  y  como consecuencia  vino  el despoblamiento de Concepción y las principales ciudades fundadas por Valdivia en el sur de Chile. Posteriormente  transcurrieron dos años con incursiones menores tanto de españoles como de indígenas sin un claro vencedor hasta que Lautaro decide rebasar por primera vez el río Maule en dirección al norte el año 1556. Villagra nuevamente parte a su encuentro y supo (se supone que por traición) de  la ubicación del campamento de Lautaro  en las laderas de un cerro en Peteroa. El 1 de Abril de 1557 caen los conquistadores sobre el campamento mapuche y se dirigen directo a la tienda de Lautaro. El caudillo se defiende con valentía, pero cae y muere alcanzado por lanzas de españoles y yanaconas. La figura de  Lautaro  es como un brillante y fugaz cometa en la lucha de su pueblo  contra la conquista. A los dieciocho años pasó de humilde caballerizo a  generalísimo de los ejércitos mapuches y murió a los veintidós. Fue otro genio militar que no consiguió su objetivo principal, así como tantos han existido en la historia. Sin embargo,  fue en   el proceso de Independencia que los  mismos nietos de españoles lo transfiguraron en un símbolo de amor a la nueva patria. Fue emblema del patriotismo y de la voluntad guerrera propia del pueblo chileno, mezcla de conquistador y  madre aborigen.  Saludos.

martes, 29 de agosto de 2017

La Universidad

Chile vive una ola de movilizaciones  sin precedentes  y tienen su origen en el sistema de Educación Superior que  impera en el país. Hay consenso en el sentido de que la Educación no puede transformarse en un negocio y, por lo tanto, las entidades dedicadas a la enseñanza profesional no deben tener fines de lucro. Vemos cómo distintas casas de estudios se preocupan más de fabricar  profesionales  (y en las áreas con más demanda) que de hacer una correcta "Universidad". Cada Marzo gastan millones en publicidad y van a la "caza" de estudiantes o "clientes" considerando a la Educación  un bien más de consumo. La clase media se endeuda de por vida para que sus hijos (primera generación en la Universidad) tengan acceso a un título profesional que les garantice mejor futuro. Es un sistema en el que es imposible hacer "Universidad" y para entender   este concepto debemos volver a los orígenes: Etimológicamente, la palabra proviene del latín "Universitas" y significa "todo", "entero" o "universal". Se entendió ya desde aquella época que para existir una "Universidad" se deben dar los siguientes requisitos: 1.- Sentido Corporativo: En Roma se le denominaba "Collegium" o Corporación a todas aquellas agrupaciones dedicadas a una actividad común. Cuándo dichas entidades tenían por objeto el estudio y el saber, se les denominó "Studium" o "Universitas". Conformaban entidades jurídicas independientes,  distintas de sus integrantes y  capaces de actuar por sí mismas en el mundo del Derecho. 2.- Universalidad: La Universidad fue un concepto expandido por toda Europa y  abriò sus puertas tanto a maestros como a estudiantes  sin importar su procedencia, lengua o nación. Usaron al latín cómo idioma unificador de la cultura, además, sus títulos refrendatorios de conocimiento reconocidos universalmente. Como consecuencia de lo anterior, aquellos títulos permitieron enseñar en cualquier parte. 3.- Ciencia: El estudio debe abarcar a la totalidad de las ciencias y disciplinas convergentes en la unidad del saber. En este sentido, se le dio en un comienzo una importancia preponderante a las llamadas artes liberales, es decir, oficios que proporcionaban a quienes los ejercían "Libertad". 4.- Autonomía: En dos sentidos. En primer lugar desde una perspectiva académica se debe contar con la objetividad de la ciencia en orden a establecer leyes y métodos. En segundo lugar, y derivado de su función social, requiere de independencia en relación con otras entidades o gobiernos. Para eso necesita un estatuto jurídico especial. Por último, la Universidad no es solo un ente transmisor de conocimientos, sino que también es "Alma Mater", es decir, una entidad generadora de saber y capaz de transformar al hombre por medio del estudio y la ciencia. Es importante no engañarnos a nosotros mismos y brindarle la categoría de "Universidad" a una  entidad que no lo es. Si una institución coloca en su puerta un letrero que diga "Universidad", no significa que lo sea. Es siempre útil recurrir a los orígenes para entender el correcto alcance de  los términos, conceptos y valores que han hecho de nuestra cultura lo que es. Saludos.

Revolución Francesa

Es difícil encontrar un acontecimiento histórico de tal relevancia y que afecte nuestra vida diaria sin que nos demos cuenta, como la Revolución Francesa. Fue este, un proceso social y político que se desarrolló en el país galo entre 1789 y 1799. Fue, además, de tal magnitud, que entre sus principales consecuencias estuvieron el término de la Monarquía Absoluta y la proclamación de la República. Se eliminaron las bases económicas y sociales del Antiguo Régimen y marcó por completo el fin del absolutismo. Dio lugar a un sistema de gobierno dónde la burguesía, y en algunas ocasiones las masas populares, se convirtieron en las fuerzas dominantes.No fue solo una la causa que desencadenó estos hechos. Nos encontramos, más bien, con un sin número de factores que, juntos, gatillaron un estallido social de proporciones. No podemos negar que, junto a su importancia filosófica y cultural, la Revolución Francesa también es sinónimo de violencia y, a menudo, de brutalidad. En primer término, un régimen monárquico rígido en un mundo cambiante; luego el surgimiento de una clase burguesa que cobra relevancia económica y, por último, el descontento de las clases bajas. A lo anterior, hay que agregar la expansión de las nuevas ideas liberales que surgieron en la Ilustración, de gran contenido masónico y fundamentadas en el racionalismo.
a)    Desde el punto de Vista Social:
El auge de la burguesía cómo causa. Un poder económico cada vez más relevante y fundamental en la economía de la época. Odio contra un absolutismo heredero del sistema feudal por parte de la clase burguesa emergente y de las clases populares.
b)    Desde el punto de Vista Político:
Un estado anclado en un sistema absolutista que no responde a las exigencias de una realidad cambiante. Se rechaza la separación de poderes del Estado y esto trae como consecuencia el estancamiento de la sociedad.
c)     Desde el punto de Vista Ideológico:
La expansión de nuevas ideas producto de la Ilustración. Los conceptos de libertad política, fraternidad e igualdad son expuestos por filósofos tales como Mostequieu, Voltaire y Rousseau. A su vez, estos encuentran eco en la sociedad francesa y todo ello rompe el prestigio de las instituciones del Antiguo Régimen.
d)   Desde el punto de Vista Económico:
Una inmanejable deuda del Estado producto de numerosas guerras externas (entre ellas la Independencia de los EE. UU). Lo anterior, exacerbado por un sistema de extrema desigualdad dónde los estamentos privilegiados (nobleza y clero) no están obligados a pagar altos impuestos que oprimían al resto de la sociedad.
En síntesis, las causas de la Revolución fueron un conjunto de factores políticos, económicos y sociales que podemos resumir del siguiente modo: a) Una estructura tradicional arcaica y minada por la evolución de la economía. Además, nos encontramos con el auge de la burguesía. b) Exigencias de cambios políticos acordes con las renovadoras teorías del liberalismo propuestas por filósofos ilustrados. c) Descontento del estado llano o Tercer Estado, cada vez más presionado y oprimido por los impuestos. d) Un desajuste entre las necesidades sociales, políticas y económicas de una Francia anquilosada y exprimida por sus gobernantes. La Revolución comenzó con el llamado del rey (Luis XVI) a los Estados Generales. Se reunieron en Versalles el 5 de abril de 1789. Los Estados Generales consistían en una asamblea integrada por 1200 diputados (300 del clero, 300 de la nobleza y 600 del Tercer Estado). La crisis económica obligó al soberano a reunirlos y a adoptar medidas para superarla. El Tercer Estado aprovechó la asamblea para formular peticiones favorables al pueblo. El rey y la nobleza se negaron a tales reformas, es decir, al derecho a voto por cabeza pues les era favorable debido a su mayoría. El Estado Llano se rebeló y fundó la Asamblea Nacional el 17 de junio de 1789 en la sala de pelotas. Los diputados juraron no separarse hasta dar una Constitución a Francia. Al rey no le quedó más que ceder ante la Asamblea Nacional e invitó a que sesionen las tres clases sociales. Así surge la Asamblea Constituyente. La Monarquía absoluta llegó a su fin y el pueblo de París tomó la Bastilla el 14 de julio de 1789, símbolo del despotismo. Luego de la toma de La Bastilla, el sentido revolucionario se propagó por toda Francia. Los campesinos se armaron e invadieron los castillos, destruyeron documentos que acreditaban derechos señoriales. La Asamblea Constituyente decidió poner término al caos y sesionó el 4 de agosto de 1789. La Asamblea votó por la supresión de los derechos feudales y la eliminación completa del régimen señorial. Se decretó la igualdad ante los impuestos, la admisión de todos los ciudadanos a cualquier empleo y el establecimiento de una justicia gratuita e igualitaria para todos. El Antiguo Régimen, con su sistema de oprobio y explotación, llegó a su fin. En la misma sesión del 4 de agosto, se acordó sentar los principios que habrían de servir como preámbulo a la nueva Constitución; lo anterior se conoce como la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Estos fueron aprobados en Asamblea General el día 26 del mismo mes. Dentro del legado que ha dejado la Revolución Francesa, ninguno adquiere mayor dimensión universal que este valioso documento de 17 artículos y que consagran: a) Los derechos naturales del hombre a la libertad, igualdad y a la propiedad, son inherentes (nacen con el ser humano) e imprescriptibles (perduran a través del tiempo); b) Se planteó una nueva concepción del Estado, estableciéndose el principio de que la soberanía reside en la nación. c) La igualdad ante la ley, que debe ser la misma para todos, tanto para proteger como para castigar. d) La inviolabilidad del individuo, el cual no puede ser acusado y detenido, sino en casos determinados por la ley y según las formas prescritas en ellas. Aun hoy sus efectos se dejan sentir a más de dos siglos de su redacción. Muchos son los países en cuyas Constituciones se consignan los principios emanados de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Al termino de sus labores, la Asamblea Constituyente convocó a elecciones a fin de nominarse los representantes que habrían de integrar la Asamblea Legislativa. Salieron elegidos 745 diputados, todos ellos animados por la más pura ideología, pensamiento y espíritu sincero de trabajar por una Francia acorde con los "principios inherentes a todo ser humano". La labor fundamental de la Asamblea Legislativa fue la de dar leyes y normas jurídicas para gobernar mejor el país. Inició sus trabajos el 1 de octubre de 1792 y pronto pudo apreciarse dos bandos: a) Los Constituyentes o Fuldenses, quienes sostenían la aplicación estricta de la constitución y mantenimiento integral de los poderes del rey y b) Los Jacobinos, integrados por la mayor parte de los diputados de la región de la Gironda. Se inclinaban por el establecimiento del gobierno republicano y la reducción de los poderes y atribuciones del rey. Luis XVI huyó al extranjero, pero es descubierto en Varennes y encerrado en la Tullerías. Vino la etapa republicana. El 10 de agosto de 1792, las masas asaltaron el Palacio de las Tullerías y la Asamblea Legislativa suspendió las funciones constitucionales del rey. La Asamblea convocó a elecciones con el objetivo de configurar, por sufragio universal, un nuevo parlamento que recibió el nombre de Convención. Aumenta la tensión política y social en Francia, así como la amenaza militar de otras potencias europeas. El nuevo parlamento abolió la monarquía y proclama la República. Luis XVI  fue visto como conspirador con los enemigos de Francia. La Convención lo condena el 17 de enero de 1793 y es ejecutado el 21. La reina María Antonieta, nacida en Austria y hermana del Emperador, fue ejecutada el 16 de octubre del mismo año, iniciándose así una revolución en Austria para sustituir a la reina. El mismo día en que se reunió la Convención (20 de septiembre de 1792), tropas francesas formadas por tenderos, artesanos y campesinos derrotaron a un ejército prusiano en Valmy y se iniciaron las Guerras Revolucionarias Francesas. Sin embargo, la situación económica empeoró y comenzaron revueltas internas. Los llamados sans-culottes (literalmente sin calzones, una expresión para referirse a las clases bajas) expresaron su descontento ya que algunas medidas liberales les causaba perjuicio (libertad de precios, libertad de contratación, Ley Le Chapelier, etc.). Comenzaron a gestarse luchas antirrevolucionarias en diversas regiones de Francia. En la Vandea, se produce un levantamiento de campesinos a favor del rey y las tradiciones católicas. Es reprimida cruentamente y se ha llegado a calificar de genocidio. Por otra parte, la guerra exterior amenazaba con destruir la Revolución y la República. Lo anterior dio origen a un golpe de estado instigado los jacobinos. Llevaron a la práctica algunas de las reivindicaciones de los sans-culottes, pero jamás se cuestionó la propiedad privada. No pusieron en duda el orden liberal, aunque sí llevaron a cabo la democratización del mismo. Se redactó en 1793 una nueva Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y una nueva constitución de tipo democrático que reconocía el sufragio universal. El Comité de Salvación Pública (Poder Ejecutivo durante este período de la Revolución) cayó bajo el mando de Maximiliano Robespierre y se desató lo que se denominó el Reinado del Terror (1793-1794). No menos de diez mil personas fueron guillotinadas ante acusaciones de actividades contrarrevolucionarias. La menor sospecha podía hacer caer sobre una persona acusaciones que eventualmente la llevarían a la guillotina. El cálculo de víctimas varía, pero pudieron ser hasta cuarenta mil. En 1794, Robespierre ejecutó a ultra radicales y a jacobinos moderados. Su popularidad comenzó a erosionarse y el 27 de julio de 1794 ocurrió otra revuelta apoyada por moderados que veían peligroso el trayecto de la Revolución. El pueblo se rebela contra la condición burguesa de Robespierre y los miembros de la Convención lograron derrocarlo y ejecutarlo junto a otros líderes del Comité de Salvación Pública. La Convención aprobó una nueva Constitución el 17 de agosto de 1795 y ratificada el 26 de septiembre por plebiscito. Esta es la Constitución del Año III que confirió el poder ejecutivo a un cuerpo colegiado llamado Directorio y que fue formado por cinco miembros o directores. El poder legislativo sería ejercido por una asamblea bicameral, compuesta por el Consejo de Ancianos (250 miembros) y el Consejo de los Quinientos. Se suprimió el sufragio universal masculino y se restableció el sufragio censitario al mismo tiempo que encontró oposición en grupos monárquicos y jacobinos. Hubo diferentes revueltas que fueron reprimidas por el ejército, lo cual instó para que el general Napoleón Bonaparte diera el  9 de noviembre de 1799 un golpe de estado (18 de Brumario) e instaló el Consulado. Así se pone fin a la Revolución Francesa propiamente tal y comienza la era Napoleónica. Valores revolucionarios: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad son el legado de la Revolución Francesa y adquieren el carácter de universales a partir de entonces. Es desde este episodio que pasan a formar parte de los cimientos de toda constitución que se llame a sí misma “democrática”. Las relaciones entre el individuo y el Estado no se conciben sin un respeto irrestricto a estos principios. Además, los más importantes documentos que regulan el quehacer mundial, recogen la observancia y cumplimiento de ellos. Es así como la Declaración Universal de Derechos Humanos señala: “Considerando que la libertad, la justicia y la paz tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos inalienables de todos los miembros de la familia humana: sustenta en su artículo primero que: TODOS LOS HOMBRES NACEN LIBRES E IGUALES EN DIGNIDAD Y DERECHOS, Y DOTADOS COMO ESTÁN DE RAZÓN Y CONCIENCIA, DEBEN COMPORTARSE FRATERNALMENTE LOS UNOS CON LOS OTROS”.
-        Libertad:
La Libertad es un derecho inherente a la naturaleza humana y concede al hombre la facultad de obrar según su conciencia. Por lo tanto, los individuos son dueños y, al mismo tiempo, responsables de sus actos. Se nos concede por naturaleza y tiene a la justicia por regla. Está tutelada por ley y, desde un punto de vista moral, sus límites están contenidos en la máxima: “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti”. La Libertad en el hombre significa la grandeza de sus aspiraciones, el impulso noble de sus deseos y la pureza de sus sentimientos. La Libertad, en definitiva, es la dignidad del hombre. Aun así, gran parte de los seres humanos que hoy habitan el planeta carecen de ella, ya sea por vivir bajo el yugo de un régimen dictatorial o porque las diferencias sociales y económicas conculcan su dignidad. No puede ser libre un hombre que ni siquiera logra entregar un mínimo sustento a su familia. Observamos que existe una gran libertad política que, para muchos, no va acompañada de una dignidad mínima que la Libertad debiera garantizar. Una real Libertad consiste en la posibilidad de adquirir herramientas que nos permita construir nuestro destino.
-        Igualdad:
En términos simples, la Igualdad es la ausencia de privilegios, castas o clases sociales entre los hombres. Nos coloca a todos en una misma categoría. Los hombres deben ser iguales ante la Ley y debe existir igualdad de oportunidades para nuestro desarrollo físico e intelectual. En teoría parece un concepto simple; sin embargo, en la práctica (y sobre todo tratándose del ser humano) su aplicación ha dado lugar a conflictos, dictaduras y genocidios. La sociedad se encarga de generar desigualdad entre el que manda y el que obedece, entre el que produce y el que consume, entre el que cobra y el que paga. Somos viajeros en busca de un mismo destino, pero elegimos distintos caminos. No obstante, existe una evolución histórica positiva en cuanto a lo relativo a la Igualdad ante la Ley. No habría posibilidad alguna de desarrollo para una sociedad moderna sin esta. Debemos trabajar, eso sí, en la Igualdad de oportunidades. En el acceso igualitario a la salud, educación y trabajo, conceptos que hoy van ligados, por desgracia, a la capacidad económica de los individuos. Los hombres son iguales en derechos y oportunidades, otra cosa son los méritos, sabiduría, talento y virtud que forman parte de la igualdad dentro de la diversidad.
-        Fraternidad:
La raza humana es una sola. Las diferencias de inteligencia, talento, conocimiento y belleza son despreciables en comparación con la identidad de la esencia humana, común a todos los hombres. Es un sentimiento que nos despoja de odios y envidias, nos hace generosos y tolerantes, practicamos la caridad y hacemos el bien con desprendimiento. Practicarla significa uno de los mayores desafíos para los hombres, pues nuestra naturaleza es egoísta y tendemos a ignorar los derechos de los demás. Nos agredimos unos a otros como medio de solución de conflicto. Creamos grupos de poder político, económico o religioso para conseguir beneficios individuales. Vivimos en permanente competencia, tomamos decisiones con frialdad en lo económico y sustentadas, generalmente, en el retorno a corto plazo. Si observamos con detenimiento, los hombres que practican la Fraternidad llegan a un estado de satisfacción personal, paz interior y firmeza de carácter. Adquieren una fe inquebrantable en sus principios que nos invita a acercarnos a ella.
 Influencia de la Revolución Francesa en Chile:
 Según prestigiosos historiadores como Amunátegui y Encina, la gesta emancipadora de América y, por ende, la de Chile, tuvo causas diferentes al estallido social ocurrido en Francia. Antipatías entre criollos y peninsulares, amor de los criollos a su suelo natal, la independencia de los EE. UU y la discriminación en materias comerciales fueron factores que, en definitiva, gatillaron el proceso. Las ideas revolucionarias tuvieron escasa influencia en Chile ya sea por aislamiento o prohibición de su difusión, bajo fuertes sanciones, impuestas por autoridades españolas. Solo algunos criollos leían a principios del siglo XIX a los filósofos de la Ilustración. Entre ellos podemos mencionar a Manuel de Salas, Juan Egaña, Juan Martínez de Rozas, José Miguel Infante, Camilo Henríquez y también a Bernardo O´Higgins. La influencia revolucionaria se hizo sentir después de 1810, sus postulados fueron penetrando lentamente y adquirieron fuerza durante el período de La Reconquista. Dicha influencia se refleja ya en la República en la dictación de leyes acordes a estos principios y en las sucesivas constituciones que hacen suyas las ideas del liberalismo. El republicanismo en lo político y los Derechos del Hombre y del Ciudadano en los social son la más clara evidencia de la influencia que ejerció la Revolución Francesa en nuestro proceso emancipador. Ideas como la descalificación del sistema monárquico y la adopción de la forma republicana. La elaboración de constituciones escritas, la libertad asociada al autogobierno y la no dependencia de autoridades lejanas. La separación de poderes, la codificación de leyes y la aplicación de una sola justicia para todos los ciudadanos. También podemos mencionar a la abolición de la esclavitud, la supresión de los mayorazgos y títulos de nobleza. En fin, si escarbamos más, encontraremos innumerables ejemplos de lo que fue, es y será la influencia de la Revolución Francesa en América y en Chile.