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miércoles, 11 de mayo de 2016

Corrupción

Hace tiempo escribo sobre el tema en varios posts aunque en el fondo se trata de una misma idea. Escribí sobre los falsos líderes: una nueva casta que ejerce puestos de enorme responsabilidad. Individuos surgidos tanto en el ámbito político cómo en el empresarial y en países poderosos como en aquellos que no lo son tanto. Se trata de personas jóvenes que han llegado a las altas esferas del poder sin la sabiduría ni la experiencia necesaria para ejercer dichos cargos con propiedad. Toman sus decisiones con soberbia y las imponen por la fuerza no obstante que las disfracen con aire democrático. Creen que la verdad les pertenece y, para lograr sus fines, no trepidan pasar por sobre culturas milenarias que desprecian por tener un desarrollo tecnológico y militar menor. También me referí al relativismo y a la falta de ideales que impera en la sociedad contemporánea. No es raro que, en una reunión social y a la hora de tocar un tema que requiera algún tipo de ejercicio intelectual, seas tildado de bicho raro o aburrido. Hablé sobre una masa caracterizada por un incremento constante en su renta per cápita y por vivir en un mundo dónde triunfa la democracia liberal. Un niño mimado y satisfecho al que no le interesa conocer sus orígenes e historia y, por lo tanto, ignora los valores que han hecho de nuestra sociedad lo que es. Se cree con el derecho a pasar por sobre todo y todos con tal de lograr un “éxito” a corto plazo que en el fondo no lo es y lleva a la humanidad a su perdición en un futuro no muy lejano. Este es el verdadero origen de la corrupción generalizada que vemos en todos los ámbitos y países. Se trata de un problema cultural que se profundiza pues se pierde la perspectiva de lo que es nuestra cultura. Esta no nace de la noche a la mañana y sus cimientos son delicados. Los verdaderos líderes están para recordarnos lo anterior y es a ellos a quienes debemos escuchar. Desgraciadamente, una parte importante de nosotros se niega a hacerlo y se aferra, con porfía, a una visión individualista y egoísta. Ven a nuestro mundo cómo algo regalado y piensan que pueden disponer de él a su antojo. No hay conciencia del esfuerzo que ha significado llevar al ser humano a su actual estado de desarrollo. Nos enfrentamos a un nuevo tipo de clase privilegiada, los dueños de las mega-empresas y de los grandes capitales que actúan por sobre la ley y explotan a un nuevo proletariado, un ciudadano común que recién toma razón de que no es libre cómo intentan hacerle creer y que no puede dejarse aplastar por esta realidad. Comienza a rebelarse con timidez. Sin embargo, los procesos sociales son largos y complejos. Vale la pena observar con detención lo que nos depara el futuro. Saludos. 

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